Hay lugares por los que pasan muchas personas, pero que siempre permanecen en nuestra memoria. La escuela es, sin duda, uno de ellos.
Una escuela es un pequeño universo en el que conviven y se mezclan diferentes generaciones: profesores, alumnos, padres, personal del centro… Algunos llegan, otros se van y, año tras año, todos tienen que adaptarse a nuevos compañeros, nuevos alumnos y nuevas circunstancias.
La escuela primaria de T. no es una excepción. En los últimos años tuvo que afrontar, primero, la integración de una sede y, posteriormente, su incorporación a un nuevo centro educativo. Dos pequeños terremotos que hicieron que el día a día fuera aún más complejo.
Sin embargo, entre tantos cambios, había una constante para todos: la profesora Elide.
Más de cuarenta años entre niños
La profesora Elide empezó a dar clase con tan solo 18 años, nada más terminar la antigua carrera de magisterio. Lo hacía impulsada por una pasión incontenible por la enseñanza y por un amor inmenso hacia los niños.
Durante más de cuarenta años, vio pasar por sus aulas a una generación de alumnos tras otra. De hecho, uno de sus mayores motivos de orgullo era haber tenido como alumnos a los padres y, años más tarde, también a sus hijos.
Su historia con la escuela había comenzado cuando era muy joven y, cuando llegó el momento de jubilarse, parecía difícil imaginarla lejos de sus aulas.
La jubilación ya debería haber llegado dos años antes. Pero por aquel entonces Elide lo tenía muy claro:
«¿Cómo voy a dejar a este grupo de niños en tercero? Los llevaré hasta quinto y luego me jubilaré».
Y así lo hizo.
Había tenido tiempo para asimilar la idea de despedirse del colegio, pero, a medida que se acercaba el momento de la jubilación, la tristeza empezó a hacerse notar a ambos lados de la mesa: entre la profesora y sus alumnos, pero también entre ella y sus compañeras de tantos años.
Por eso, a medida que se acercaba el momento de su despedida, también comenzaron los preparativos para celebrar la ocasión como se merecía.
Un momento de la celebración organizada en honor a la profesora Elide.
Una despedida que requería algo especial
Incluso el Ayuntamiento se implicó en la organización de la fiesta de despedida. La fecha estaba fijada, el local reservado y el catering preparado.
Todo estaba listo.
O casos.
Aún quedaba por encontrar un regalo personal y verdaderamente especial, a la altura de un momento tan importante.
Fue entonces cuando las compañeras «históricas» de la profesora Elide se pusieron en contacto con nosotros. Una de ellas había descubierto nuestros libros personalizados a través de nuestra cuenta de Instagram y pensó que podría ser la forma perfecta de celebrar toda una vida dedicada a la enseñanza.
Así comenzó el proyecto.
Nuestra primera idea fue entrevistar a una decena de antiguas compañeras de Elide. Después de tantos años trabajando codo con codo, tenían anécdotas con las que se podrían llenar varios libros.
Y ya sabemos cómo funciona la memoria cuando se concentra en torno a un ser querido: una historia lleva a otra.
En cuestión de unas pocas semanas, el número de profesoras que querían participar en el libro personalizado para la profesora Elide se había duplicado.
Todos querían aportar algo.
Fotografías, recuerdos, anécdotas divertidas, momentos compartidos, agradecimientos, dedicatorias y deseos para el futuro comenzaron a llegar a nuestro atelier editorial.
Para nosotros, recibir aquella auténtica «avalancha» de cariño fue un privilegio.
Nuestro trabajo consistía, pues, en organizar todo ese material, encontrar los hilos que unían unas historias con otras y convertirlas en capítulos temáticos.
Porque un libro de vida personalizado no consiste simplemente en recopilar recuerdos. Nuestro objetivo es dotarlos de una estructura y una narrativa para que, al leerlos, la persona pueda volver a recorrer su propia historia a través de los ojos de quienes la han acompañado.
Cuando la historia da un giro inesperado
Pero el proyecto aún tenía una sorpresa reservada.
Mientras las profesoras nos enviaban sus testimonios, algunos padres descubrieron que se estaba preparando algo muy especial para la jubilación de la profesora Elide: un libro personalizado que recopilara su historia.
Y quisieron participar.
Así que creamos una serie de cápsulas narrativas específicas para que tanto los padres como los alumnos —tanto de aquellos primeros años como de los más recientes— pudieran compartir también su pequeño fragmento de la historia de Elide.
Y ocurrió algo maravilloso.
El proyecto empezó a crecer de forma totalmente espontánea, gracias al boca a boca.
Una persona se lo contaba a otra. Un antiguo alumno se enteraba del proyecto. Un padre quería dejar su mensaje. Una antigua compañera recordaba una nueva anécdota.
Y así, poco a poco, aquella historia que había comenzado con un grupo de compañeras acabó convirtiéndose en un auténtico relato colectivo.
Al final, más de 60 personas participaron en el homenaje a la profesora Elide con motivo de su despedida de la escuela.
Más de 60 voces.
Más de 60 recuerdos.
Más de 60 pequeñas piezas de una misma historia.
Una historia personal convertida en un libro
El resultado fue un libro de edición de lujo de más de 200 páginas.
En su interior había una multitud de momentos: historias divertidas, recuerdos de años compartidos, fotografías, palabras de agradecimiento, anécdotas de profesores y familias y, sobre todo, el cariño de varias generaciones de personas que habían tenido la suerte de cruzarse con la profesora Elide.
Y eso es precisamente lo que hace que un proyecto como este sea tan especial.
A veces pensamos que nuestra historia está formada por los grandes acontecimientos. Pero, cuando recopilamos los recuerdos de las personas que nos conocen, descubrimos que también está hecha de pequeños momentos: una frase que alguien recuerda al cabo de veinte años, una excursión, una broma en clase, una conversación, una forma particular de enseñar o, simplemente, la sensación de haber sido escuchado y acompañado.
Todos esos pequeños recuerdos conforman algo mucho más grande.
Se construyen una vida.
Y cuando conseguimos reunirlos en un único objeto, ese objeto deja de ser simplemente un regalo. Se convierte en un recuerdo.
Una de las «obras de arte» que forma parte de la galería de dibujos de los alumnos.
«Espero que sueñes más»
Aunque el esfuerzo colectivo ya nos había llenado de orgullo y cariño —porque el cariño también es contagioso y para nosotros es un privilegio trabajar con las historias que nuestros clientes nos confían—, hubo un momento que nos emocionó especialmente.
Después de disfrutar de la fiesta organizada en su honor y de llorar, como era inevitable, al recibir el libro personalizado con su historia, la profesora Elide nos escribió un precioso correo para agradecernos el trabajo.
Creemos que somos, «simplemente», quienes damos forma a las historias que otras personas nos cuentan.
Pero sería mentira decir que aquel mensaje no nos hizo una enorme ilusión.
Porque detrás de cada libro hecho a medida de forma artesanal hay muchas personas. Están quienes recuerdan, quienes escriben, quienes buscan fotografías, quienes comparten una anécdota y, finalmente, quien recibe el libro y descubre su propia vida contada a través de los ojos de los demás.
Por eso nos gusta pensar que nuestros libros no solo cuentan historias.
Las hacen visibles.
Y quizá no haya mejor manera de concluir la historia de la profesora Elide que haciéndonos eco de las palabras de una de sus alumnas de quinto de primaria:
«Ahora que tienes más tiempo para ti, espero que sueñes más».
Un deseo sencillo, precioso y, sobre todo, perfecto para empezar una nueva etapa.
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